2020(e)ko apirilaren 20(a), astelehena

Recetas de cocina - gastronomía española

RECETAS DE COCINA DE LA GASTRONOMÍA ESPAÑOLA

La gastronomía española es muy rica y variada. Vamos a ver diez platos típicos a lo largo de su geografía; desde los guisos de Asturias y Galicia hasta las frituras del sur, pasando por los arroces de Levante o los asados de Castilla, España es un país para comérselo y hoy te la ponemos en bandeja para que hagas patria desde los fogones.

1. Paella valenciana


Si hay un plato que ha traspasado nuestra frontera gastronómica, más allá de la tortilla, es la paella. No importa que seamos valencianos o no, es evidente que cualquier turista nos va a identificar inmediatamente con sangría y paella. Por eso, esta lista tiene sentido que empiece con esta receta arrocera por excelencia.
Ingredientes: Para 12 personas; Arroz bomba 1500, Pollo de corral 1, Conejo 0.5, Judía verde plana 500 g, Garrofó 500 g, Alcachofa opcional 6, Caracoles 500 g, Aceite de oliva virgen extra, Pimentón dulce, Tomate triturado, Azafrán, Romero fresco, Sal. Cómo hacer paella valenciana: la receta tradicional: Dificultad: Media, Tiempo total 1 h 25 m,  Elaboración 10 m, Cocción 1 h 15 m, Reposo 5 m.

Toda paella que se precie comienza por un buen sofrito. En una paella cuanto más grande mejor, se sofríe en abundante aceite el pollo, el conejo, las judías, las alcachofas y los caracoles (la que veis en la foto no tiene garrofó porque no es temporada y el congelado no es igual), sazonando con un poco de sal y pimentón hacia el final. Cuando esté bien dorado se añade el tomate triturado y se rehoga.
Con el sofrito listo se debe de añadir el agua. Las proporciones dependen mucho del fuego, del calor que haga, del grado de humedad y de lo grande que sea la paella, pero para comenzar, una buena proporción es la de añadir tres veces el volumen de agua que de arroz, aunque es la experiencia la que os hará ajustar y perfeccionar estas cantidades, que acabaréis haciendo a ojo, como hicieron la tía y la madre de mi novia, que eran las encargadas de esta paella (a pesar de que la tradición marca que sea el hombre de la casa el que la prepare).
Echamos ahora algunos troncos más al fuego para que suba de potencia y se haga bien el caldo durante 25 o 30 minutos. Es un buen momento de echar el azafrán o, en su defecto, el sazonador de paella (el más popular es "el paellador), que lleva sal, ajo, colorante y un poco de azafrán. En una paella cuanto más grande mejor, se sofríe en abundante aceite el pollo, el conejo, las judías, las alcachofas y los caracoles (la que veis en la foto no tiene garrofó porque no es temporada y el congelado no es igual), sazonando con un poco de sal y pimentón hacia el final. Cuando esté bien dorado se añade el tomate triturado y se rehoga.

Con el sofrito listo se debe de añadir el agua. Las proporciones dependen mucho del fuego, del calor que haga, del grado de humedad y de lo grande que sea la paella, pero para comenzar, una buena proporción es la de añadir tres veces el volumen de agua que de arroz, aunque es la experiencia la que os hará ajustar y perfeccionar estas cantidades, que acabaréis haciendo a ojo, como hicieron la tía y la madre de mi novia, que eran las encargadas de esta paella (a pesar de que la tradición marca que sea el hombre de la casa el que la prepare).
Echamos ahora algunos troncos más al fuego para que suba de potencia y se haga bien el caldo durante 25 o 30 minutos. Es un buen momento de echar el azafrán o, en su defecto, el sazonador de paella (el más popular es "el paellador), que lleva sal, ajo, colorante y un poco de azafrán.
Luego añadimos el arroz "en caballete" (en diagonal) y lo distribuimos por la paella. Cocemos entre 17 y 20 minutos, aunque aquí el tiempo lo marca de nuevo el grano de arroz y la potencia del fuego, que debemos ir dejando consumirse. Tiene que quedar completamente seco y suelto. Mi recomendación para los primerizos es que tengáis un cazo con agua hirviendo al lado, por si hay que añadir agua. A mitad cocción también podemos poner unas ramitas de romero, que retiraremos antes de servir.
Por último, conviene dejar la paella reposar unos minutos tapada con un gran paño o papel de periódico -no es bueno porque con la humedad se puede liberar algo de tinta, pero toda la vida lo he visto usar- antes de servirla y recibir el aplauso de los presentes.

2. Zarangollo murciano

Sencilla y sabrosa receta de puro sabor a huerta. No hacen falta muchos ingredientes ni mucho tiempo para tener un plato muy huertano en cualquier casa, capaz de resolverte un primer plato o unas tapas.

  • Ingredientes para 4 personas: 2 cebolletas, 3 o 4 calabacines, tres huevos, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta negra molida.
  • Elaboración: Pelar la cebolleta y cortarla en juliana. Pelar los calabacines y cortar en discos finos. Sofreír la cebolleta con una pizca de sal y dejar pochar, añadir después el calabacín y salpimentar ligeramente. Cocinar a fuego fuerte para que vaya soltando el agua. Cuando el calabacín no esté tan crudo, bajar el fuego y cocinar lentamente, Remover de vez en cuando hasta que esté muy tierno. Por último, cascar los huevos encima, salpimentar y remover suavemente, rompiendo las yemas, dejándolos poco cuajados y jugosos pero no caldosos. Reposar fuera del fuego y servir.

3. Gazpacho andaluz

La reina de las sopas frías de nuestro país tiene nombre y apellidos. Sencilla, barata y siempre a mano, esta receta de gazpacho no puede faltar si nos dedicamos a comernos España.
  • Ingredientes para 6 personas: 1kg de tomate pera, un pimiento verde italiano, 1 pepino, 2 dientes de ajo, 50ml de aceite de oliva virgen extra, 50g de pan de hogaza duro, 250ml de agua, 5g de sal y 30ml de vinagre de Jerez.
  • Elaboración: Troceamos los ingredientes y los añadimos junto a los líquidos en un vaso batidor o en la Thermomix. Trituramos bien, incluso con pieles, porque luego pasaremos el resultado por un colador fino. Metemos en la nevera para que enfríe y a disfrutar.

4. Pisto manchego

No falta el tomate también en platos calientes, como este icono de la cocina de La Mancha, que bien puede servir como entrante, como primer plato o como guarnición.
  • Ingredientes para 4 personas: 2 dientes de ajo, 250g de cebolla, 200g de pimiento verde, 200g de pimiento rojo, 4 tomates, 300g de calabacín, sal, pimienta negra molida y aceite de oliva virgen extra.
  • Elaboración: Llevamos a ebullición agua para pelar los tomates. Retiramos la parte dura y hacemos un corte de cruz en la base. Los introducimos en el agua durante 15-20 segundos, sacamos y llevamos a bol con agua helada. Los pelamos y trituramos. Después pelamos y picamos finamente la cebolla y el ajo. Además, lavamos el resto de verduras y la troceamos en igual tamaño. Calentamos una buena cantidad de aceite en la cazuela y pochamos ajo y cebolla a fuego suave durante 15 minutos. Añadimos los pimientos y pochamos otros 15 minutos. Por último, añadimos calabacín y tomate, salpimentamos, tapamos, dejando pochar durante una hora y media. Por último, retiramos la tapa, subimos el fuego y cocecmos hasta que el agua del tomate se haya evaporado. Debe quedar jugoso pero sin restos de agua.

5. Migas de pastor

Allí donde hay un rebaño de ovejas habrá unas migas. Aunque esta receta es común para manchegos, castellanos, extremeños o navarros, hoy le damos el protagonismo desde Aragón, tierra de ternasco, donde funciona como contundente plato único pero que tú puedes convertir en aperitivo.
  • Ingredientes para 4 personas: 300g de pan tipo candeal, 100ml de agua, 150g de chorizo fresco, 150g de panceta, 5 dientes de ajo, 1/2 cucharadita de pimentón dulce, 4 huevos, aceite de oliva virgen extra y sal.
  • Elaboración: Desmigamos el pan en trozos pequeños, extendemos en una fuente amplia y dejamos secar 24 horas. Al día siguiente salpicamos con el agua, mezclada con un pellizco de sal. Tapamos con un paño húmedo y dejamos reposar 10 minutos. Mientras tanto cortamos la panceta en dados y el chorizo en rodajas. Calentamos un par de cucharadas de aceite en una sartén y sofreímos ambos. Retiramos y reservamos. En la grasa que han soltado la panceta y el chorizo rehogamos los ajos, enteros y con piel, y las migas de pan humedecidas. Removemos sin parar durante 20 minutos a fuego medio-bajo, para que las migas se impregnen bien de la grasa y el aroma de los ajos al tiempo que se van secando. Añadimos la panceta y el chorizo, espolvoreamos con el pimentón, removemos e, inmediatamente, retiramos del fuego. Freímos los huevos y servimos las migas con ellos.

6. Pulpo a feira

Uno de los iconos de la cocina gallega, consumido tanto en costa como en interior, y al que nos supone todo un esfuerzo resistirnos.
  • Ingredientes para 4 personas: 2kg de pulpo fresco o congelado, 1kg de patata gallega, pimentón de la Vera, aceite de oliva virgen extra y sal gruesa.
  • Elaboración: Arrancamos calentando mucha agua en una olla grande y alta. Cuando esté bien caliente y a punto de hervir, sumergimos el pulpo entero tres veces, lo que se llama asustarlo. Después, lo dejamos en el agua de cocción. Cuando vuelva el hervor, comenzamos a contar el tiempo, unos treinta minutos por cada 1,8kg a 2kg de pulpo. Lo pinchamos en la parte más gruesa de los tentáculos para ver cómo está de duro. Estará listo cuando ofrezca una resistencia parecida a la patata cocida. Cuando estñe cocinado, lo sacamos del agua y dejamos reposar, aprovechando el agua para añadir la patata en rodajas que se cocerá durante 15 minutos. Pasado este tiempo, cortamos con tijera los tentáculos del pulpo en rodajas de un centímetro y lo servimos en un plato de madera, remojado con algo de agua de cocción, sobre la que ponemos una capa de patatas. Sobre ellas, el pulpo con la sal gorda y espolvoreamos con pimentón y rociamos con aceite.

7. Gofio escaldado

No hay casa canaria en la que el gofio no forme parte de su dieta habitual. Esta receta sencilla, que funciona como acompañamiento o como principal, es tan fácil de hacer y tan sabrosa que no tardarás en incorporarla a tus básicos.
  • Ingredientes para 4 personas: 200g de gofio (harina de maíz tostada), 200ml de caldo de pescado y unas hojas de hierbabuena.
  • Elaboración: Ponemos un cazo de caldo de pescado a cocer y cuando hierva, apagamos el fuego. En un bol grande ponemos el gofio y la hierbabuena y vamos añadiendo caldo poco a poco sin dejar de remover, para que no haga grumos. Cuando esté bien espeso y a nuestro gusto, ponemos el gofio en cuentos y lo decoramos con gajitos de cebolla o un poco de hierbabuena.

8. Callos a la madrileña

Hace tiempo de cuchara y de guisos reconfortantes y estos callos, de los que suenan a chup chup, son una buena forma de representar a Madrid desde la cocina.
  • Ingredientes para 6 personas: 1kg de callos de ternera, 1 chorizo asturiano, 1 morcilla de cebolla, 150g de panceta, laurel, especias al gusto (pimentón dulce y picante), 2 dientes de ajo, guindilla al gusto y 50ml salsa de tomate.
  • Elaboración: Pedimos a nuestro carnicero callos limpios y variados (morro, tripa y pata). Los limpiamos bien en casa bajo el grifo y los troceamos en cuadraditos de 2x2cm, para que sean de bocado. Una vez limpios y troceados, los ponemos a cocer con en agua con sal junto una hoja de laurel, además de la panceta y la carne de jamón -si la usáis- y las especias para callos. Los cocemos durante 4 horas en olla tradicional o 45 en olla exprés. Antes de que acaben, añadimos el chorizo y la morcilla, que habremos semicocido antes, para que no revienten o no tengan demasiada grasa. Una vez cocinados, escurrimos y reservamos. Aparte, preparamos la salsa pochando el ajo con una cebolla muy picada y un poco de guindilla. Entonces, añadimos una cucharada de la salsa de tomate y todas las carnes, a la vez que incorporamos el caldo de la cocción y dejamos hervir el conjunto durante 20 minutos hasta que adquiera esa textura cremosa y pegajosa.

9. Pochas frescas a la navarra

La cuchara y la huerta navarra se convierten en nuestras aliadas para dar juego con legumbres cargadas de sabor. Una receta de 10 para reivindicar a una cocina la mar de sabrosa pero también saludable.
  • Ingredientes para 4 personas: 500g de pochas o alubias frescas, 1 pimiento verde italiano, 1 tomate, 15g de pimiento choricero, 3 dientes de ajo, 1 cebolla, sal y aceite de oliva.
  • Elaboración: Si son frescas, las pochas apenas requerirán unos 35-40 minutos. Si estuvieran más secas, puedes remojarlas durante 6 u 8 horas. Cuando las tengamos listas, empezamos con la cocina. Picamos en trozos pequeños el ajo, la cebolla y los pimientos, que será nuestro sofrito. Cuando esté listo, incorporamos las pochas y cubrimos con agua fría hasta un par de centímetros por encima de estas. Las dejamos cocer a fuego lento con un ligero borboteo pero sin que hierva fuerte, para que no las rompa. Cuando estén tiernas -entre 45 minutos y una hora-, ponemos el tomate pelado sobre un colador y presionamos con un cacillo, escachándolo y repartiéndolo en el guiso. Añadimos también la carne del pimiento choricero y dejamos cocer otros quince minutos. Cuando las pochas estén bien tiernas, lo que puede tardar entre 45 minutos y una hora o algo más si no son tan frescas, sacamos el tomate, lo ponemos sobre un colador y presionamos con el cacillo de servir, "escachando" el tomate y repartiéndolo sobre las pochas. Añadimos también el pimiento choricero y dejamos cocer otros quince minutos. También, si las prefieres más espesas, puedes triturar las verduras, el tomate y algunas pochas con caldo en una batidora y servirlas. Para terminar, removemos y rectificamos de sal si fuera necesario.

10. Marmitako

El guiso vasco por antonomasia no podía faltar en esta lista. Humilde, marinero y fácil de resolver desde casa, una buena cazuela de marmitako levanta el ánimo a cualquiera, por mucha cuarentena que haya.
  • Ingredientes para 6 personas: 1kg de bonito, 5 patatas, 1 cebolla, 2 pimientos verdes italianos, 1 zanahoria, 2 dientes de ajo, 1 litro de caldo de pescado, 200ml de vino blanco, 15g de pimentón dulce, 1 guindilla, 1 cucharada de pulpa de pimiento choricero, 1 guindilla, 30g de salsa de tomate, laurel, aceite de oliva virgen extra y sal.
  • Elaboración: Picamos la cebolla en juliana, el pimiento en tiras de tamaño medio y el ajo muy picado. En una cazuela alta y ancha ponemos aceite y salteamos en él las tres verduras. Cuando estén, bajamos el gas al mínimo y añadimos la zanahoria muy picada, dejando pochar para que ablanden bien. Añadimos la cucharada de pimiento choricero al sofrito y la guindilla y removemos bien. Añadimos el vino blanco y dejamos que evapore. Pelamos las patatas y las desgajamos en la olla, añadiendo un pizca de pimentón y un buen pellizco de sal. Subimos el gas a fuego fuerte e incorporamos el caldo, el laurel y el tomate, removemos y dejamos que el caldo hierva. Cuando rompa a hervir, bajamos el gas al mínimo, meneando la cacerola sólo con las asas, sin cuchara. Dejamos a fuego lento durante 30 minutos hasta que las patatas estén en su punto. Añadimos el bonito en tacos de bocado y apagamos el fuego, dejando que se cocine con el calor residual.

11. Caricos estofados o alubias rojas de Cantabria

Eclipsados por el cocido montañés y el lebaniego, Cantabria también reivindica su cuchara con este guiso tradicional, no tan conocido pero muy, muy sabroso, con el que darte un capricho de cazuela.
  • Ingredientes para 2 personas: 200g de carico montañés o alubia roja pequeña, 1 cebolleta, 1 diente de ajo, 1 pimiento verde italiano, 1 zanahoria, 30ml de aceite de oliva virgen extra, 2g de pimentón dulce, 2g de comino molido, pimienta negra molida, sal y caldo de verduras o agua.
  • Elaboración: Lavar los caricos el día antes y dejar a remojo con abundante agua fría toda la noche. Lavar bien la zanahoria y el pimiento, y trocear en piezas grandes, desechando las semillas del pimiento. Pelar la cebolleta y el diente de ajo y trocear. Disponer en la olla exprés los caricos, las verduras, las especias, el aceite y una pizquita de sal. Cubrir con agua, no demasiada, y cerrar bien. Calentar a temperatura alta hasta que la olla alcance la máxima presión interna, bajar y dejar cocinar entre 25-35 minutos. Destapar con cuidado y comprobar el punto de los caricos. Sacar las verduras y triturarlas con un poco de caldo y algunas alubias, una pizca de sal y un poco más de pimentón. Añadirlas a la olla y mezclar bien, corrigiendo de sal. Servir con una cucharada de aceite de oliva virgen extra.

12. Trinxat de la Cerdanya
Barato, contundente y cargado de sabor. Esta receta invernal de la Cerdanya, en el Pirineo catalán, es un auténtico festín de los que piden sobremesa y siesta.

  • Ingredientes para 4 personas: 1 col de invierno, 1kg de patas, 4 lonchas de panceta, 4 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra y sal.
  • Elaboración: Empezamos pelando y troceando las patatas y la col. Ponemos las patatas a cocer en una cazuela grande con agua y sal. Cuando estén medio cocidas, añadimos la col y lo dejamos hervir todo hasta que esté todo bién cocido. A continuación, las colamos y las poner en una fuente honda. Con un tenedero lo vamos partiendo todo (trinxar) formando un puré uniforme. Pelamos y laminamos los dientes de ajo y los freímos en una sartén con aceite. Los retiramos, y en ese mismo aceite freímos la panceta cortada en trozos, hasta que estén bien crujientes. Retiramos la panceta de la sartén y echamos el aceite sobre la mezcla de col y patata. Ponemos de nuevo la sartén al fuego y cocemos la mezcla de col y patata por los dos lados, como si fuera una tortilla. Emplatamos repartiendo el trinxat en cuatro platos, ponemos encima los ajos y la panceta crujiente y servimos inmediatamente.

13. Patatas a la riojana

Cuenta la leyenda que Paul Bocuse, el gran pope de la nouvelle cuisine francesa, se quedó enamorado de este sencillo plato tras un viaje a La Rioja. Y nosotros nos creemos aquel flechazo con un recetón así.
  • Ingredientes para 2 personas: 4 patatas, 1 chorizo fresco, 1 pimiento de color, 1 pimiento choricero, 1 cebolla, 10g de pimentón de La Vera, 10ml de aceite de oliva virgen extra y sal.
  • Elaboración: En una cazuela se pone un poco de aceite de oliva y se dora la cebolla cortada en cuadraditos pequeños y el pimiento partido a la mitad. Se añade el chorizo sin piel en rodajas y se rehoga ligeramente. Echamos las patatas peladas, lavadas y cascadas en trozo regulares, no muy grandes, le damos unas vueltas al conjunto y agregamos el pimentón para que se haga un poco pero evitando que se queme. Por último, colocamos en la cazuela los pimientos choriceros abiertos y limpios y cubrimos con agua. Llevamos a ebullición y en ese momento bajamos el fuego para que el guiso se haga lentamente. Cuando la patata esté casi lista salamos. Probamos el punto de sal en el caldo y rectificamos si fuese necesario. Si deseamos el caldo de las patatas más espeso debemos mover la cazuela de vez en cuando para ayudar a que las patatas suelten su fécula. De todos modos podemos aplastar con un tenedor algunas junto a un poco de líquido y añadirlas.

14. Chipirones "afogaos"

Ay, Asturias, ¡cocina querida! El Principado no sólo vive de guisos con poderosa cuchara, de quesos o de eternos cachopos. Su mar nos sorprende, alumbra y emociona con recetas tan clásicas como estos chipirones de los que te quedarás prendado.
  • Ingredientes para 4 personas: 1 kg de chipirones, 300g de cebolla, 3 dientes de ajo, 1 guindilla cayena, 50g de pimiento verde, 200ml de vino blanco de calidad, 100ml de aceite de oliva, 25ml de ron, 1 hoja de laurel, 1 cucharada de perejil fresco picado y sal.
  • Elaboración: Limpiamos los chipirones y los cortamos en anillas de un centímetro de grosos (aunque se pueden hacer enteros), los salamos y reservamos. Cortamos la cebolla, el pimiento verde en trozos pequeños y el ajo en láminas y lo pochamos todo en el aceite durante quince minutos a fuego bajo. Añadimos la guindilla y el laurel. Entonces añadimos el ron y dejamos que se evapore durante tres minutos, agregamos el vino blanco y dejamos reducir de nuevo durante cuatro minutos. Agregamos los chipirones a la cazuela, subimos durante un minuto el fuego, y lo bajamos de nuevo para dejarlos que se cocinen a fuego lento durante veinticinco minutos. Una vez pase el tiempo les espolvoreamos con el perejil fresco picado.

15. Caldereta de cordero

Si dijimos que las migas eran inherentes a todo territorio donde hubiera pastores, las calderetas hacen lo propio con cualquier territorio donde haya ganado ovino. La trashumancia extremeña brinda así este plato tradicional, sustancioso y potente, que bien merece la pena acompañar con un vino de la tierra.
  • Ingredientes para 6 personas: 1kg de carne de cordero en trozos, 3 dientes de ajo, hierbas provenzales al gusto, 300g de cebolla, 1 tomate, 1/2 pimiento rojo, 100ml de vino blanco, 200ml de caldo de carne, laurel, pimentón dulce de La Vera y aceite de oliva virgen extra.
  • Elaboración: Sazonamos la carne y la freímos hasta dorar bien su exterior en una cazuela amplia. Retiramos la carne y sofreímos la cebolla, el ajo y el pimiento muy picaditos. Cuando la cebolla esté transparente y el pimiento haya cambiado de color, añadimos las ramitas aromáticas, la hoja de laurel y un manojito de perejil picado, al que añadimos un poco de pimentón y tras dejarlo un minuto lo mezclamos después con los demás ingredientes. Incorporamos a continuación el tomate muy picado y sin semillas y removemos con el resto de ingredientes dejando que se cocine despacito hasta que no quede nada de líquido. En ese momento reintegramos las tajadas de cordero a la cazuela, añadimos el vino y dejamos que evapore el alcohol removiendo durante un minuto. Cubrimos ya el guiso con el caldo y dejamos que se haga a fuego lento durante unos 35-40 minutos, hasta que la carne de cordero esté bien tierna y el aroma de este guiso tradicional inunde la casa. Si vamos a hacer una guarnición, es el momento de prepararla para que esté lista en el momento de servir nuestra caldereta.

16. Cochinillo asado

Castilla y León cierra el apartado salado de nuestro recorrido con este emblema. Reconocemos que es difícil elegir entre a quién quieres más, si a papá o a mamá, sólo que aquí lo tenemos que decidir entre cerdo y cordero. Como ya os hemos hablado del cordero en Extremadura, es momento de hablar del cochinillo en Castilla con esta receta de fuerte impronta segoviana.
  • Ingredientes para 6 personas: 4kg de cochinillo lechal, 25g de manteca de cerdo, agua, sal y pimienta.
  • Elaboración: Pedimos al carnicero que nos elija un cochinillo lechal pequeño, a ser posible que no pase de 4 kg o no nos va a caber abierto en el horno. Si no nos cabe, podemos cortarle los dos jamones y asarlos en otra bandeja. Precalentamos el horno a 190ºC y mientras salpimentamos el cochinillo o lechón y lo untamos con la manteca de cerdo. Lo colocamos con las costillas hacia arriba sobre una bandeja de horno y lo horneamos 90 minutos a 190ºC con función vapor. Si no tenéis esa función en vuestro horno, podéis hornearlo sobre la rejilla y poner debajo una bandeja llena de agua y os quedará perfecto. Tras los 90 minutos, damos la vuelta al cochinillo con cuidado y dejamos que se ase otros 30 o 40 minutos sin tocar la temperatura. Así se irá dorando muy despacio la piel y la grasa se fundirá manteniendo muy tierno nuestro asado. Finalmente, ponemos el grill durante 4 minutos para conseguir un dorado perfecto y una piel crujiente.

17. Ensaimada mallorquina

Había que finalizar este paseo con una receta dulce, capaz de satisfacer en postres, meriendas o desayunos y la elegida es este clásico de la cocina balear, que a muchos os animará a iniciaros en la repostería con esta preparación tan sencilla.
  • Ingredientes para 6 personas: 400g de harina de fuerza, 15g de levadura prensada, 1 huevo, 150g de agua, 120g de azúcar, un pellizco de sal, manteca de cerdo y azúcar glas para espolvorear.
  • Elaboración: Calentamos ligeramente el agua, la ponemos en un bol y deshacemos en ella la levadura. En un bol grande ponemos la harina y añadimos el agua con la levadura, el huevo batido, el azúcar y la sal. Amasamos quince minutos o hasta que consigamos una masa lisa. Hacemos una bola, la ponemos en un bol untado con aceite y dejamos que doble de volumen, como mínimo una hora. La amasamos para sacar el aire y la dividimos en seis partes. Amasar cada una de ellas y estirarlas mucho con ayuda de un rodillo. Cuando estén bien estiradas, las untamos muy muy generosamente con la manteca de cerdo, debemos ser generosos a la hora de formar esta capa de manteca sobre la masa. Estiramos con las manos para que la masa quede bien fina, puede ser que se rompa pero no pasa nada. Enrollamos formando un rulo con cada porción. Dejamos reposar los rulos hasta que la masa pierda nervio, lo ideal es una hora. Después estiramos los rulos para que queden lo más finos posibles. Forramos dos bandejas de horno con papel de hornear y realizamos una espiral sobre ella con cada porción. Debemos dejar espacio entre las curvas de la espiral, para que al levar la masa no se monte, debe quedar una ensaimada plana no subida. Guardamos las dos bandejas en el horno con una taza de agua y dejamos levar las ensaimadas toda la noche o unas 10 horas. Este paso es muy importante, porque las ensaimadas deben fermentar con lentitud para que queden bien. Pasado este tiempo, calentamos el horno a 200ºC y las cocemos unos 10-12 minutos. Una vez frías se espolvorean con mucho azúcar molido.

Antes de leer:
1.-¿Cuántas recetas españolas conoces? Menciona varias:

2.-¿Cuál es la receta que más te gusta?


Después de leer:
1.-¿Qué ingredientes tiene la paella?

2.-¿Qué ingredientes tiene el marmitako?

3.-¿Cómo se elabora el gazpacho?

4.-¿Cómo se elaboran las alubias rojas?



5.-¿Cómo se elaboran los chipirones?


Actividades complementarias:
1.-Une cada receta con una región española. 
Por ejemplo: la paella - Valencia.

2.-Menciona una receta de cocina que no hayas encontrado en esta lista, redacta los ingredientes y el modo de hacer.


2020(e)ko apirilaren 6(a), astelehena

La conquista del Everest

Edmund Hillary y Tensing Norgay, conquistadores del Everest, 
posan en Katmandú con el equipamiento que llevaban en el asalto a la cumbre.

LA CONQUISTA DEL EVEREST

Everest (8848 m)

En el siglo XIX los británicos encontraron la montaña más alta de la Tierra, tras diversos intentos desde 1808, en 1852 cuando Radhanath Sikhdar, miembro del Servicio de Topografía Trigonométrica de la India, descubrió un pico más alto que los demás en el reino de Nepal y estableció que medía 8.839 metros. Cien años más tarde los topógrafos indios marcaron su altitud en los 8.848 metros. Desde ese momento, los alpinistas y aventureros desearon conquistar el ‘techo del mundo’.

La gesta no se presentaba fácil, debido al desconocimiento de la zona y de las posibles rutas, a los equipos que usaban los alpinistas de la época, que no estaban preparados para esas altitudes; y a que, hasta los años 1900 los europeos tenían prohibido acercarse a la zona del Everest. Aunque la prohibición siguió en Nepal, en 1921 el gobierno tibetano abrió sus fronteras a los extranjeros. La posibilidad de ascender el Everest se había abierto por fin y los intentos empezaron enseguida.


Equipamiento de las primeras expediciones.
Se aprecian las bombonas de oxigeno,
para poder respirar mejor a grandes altitudes.

Georg H. Leigh Mallory fue el protagonista de los primeros intentos británicos de escalar ‘el techo del mundo’. En 1921 participó en la expedición liderada por el coronel Charles Howard-Bury, junto a Harold Raeburn, el Dr. Kellas y Bullock. El grupo se topó con diversos problemas pero encontró el acceso a la cima por el Collado Norte a través del glaciar del Rongbuk, llegando hasta los 7.000 metros.

Las expediciones británicas se sucedieron los años siguientes. Entre 1922 y 1938 se organizaron seis, la más importante de las cuales es la de 1924, en la que desaparecieron los escaladores Mallory e Irvine tras alcanzar los 8.300 metros de altitud. Esta expedición dejó abierto el misterio del Everest, ¿lograron conquistar la cima estos dos alpinistas?


La expedición la formaban el general Bruce y Norton, Mallory, Somervell, 
un joven primo del general Bruce y Odell. 
Se unieron también al grupo de alpinistas Hazard, Beetham y Andrew Irvine. 

Una vez en Asia, el general Bruce resultó enfermo de malaria y murió al llegar al Tíbet, por lo que Norton pasó a ser el jefe de la expedición. Entonces se decidió crear dos equipos, liderados por Mallory y Somervell, que deberían realizar la ascensión con y sin oxígeno respectivamente. En el equipo de Mallory se incorporó al joven Irvine, ya que era un experto en la manipulación de aparatos reguladores de oxígeno.

Los dos grupos intentaron el ataque a la cima, con sus gabardinas y ropa de franela, mucho menos resistentes que los equipos que se usan actualmente. El equipo Norton y Somervell logró llegar, el 2 de junio, a los 8.572 metros, pero tuvo que desistir por problemas de salud de sus integrantes. Fue el turno de Mallory.

La pareja inició el ataque el 6 de junio. Su compañero Odell se quedó en el campo V y los dos alpinistas durmieron en el VI, a 8.160 metros de altitud. Al mediodía siguiente Odell pudo ver, entre las nubes, a Irvine y Mallory dirigiéndose a la cima. Más adelante lo explicó en un artículo en ‘The Times’: "Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto, el segundo le imitó. Entonces toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envuelta en nubes". Odell los vio subir el Sengundo Escalón.

Ruta seguida por Mallory e Irvine.

Ya nunca más se les vio y quedó abierto el misterio de si lograron coronar la cima. Pudieron llegar arriba y morir durante el descenso o morir intentando superar el Segundo Escalón.

Durante los años 30 se fueron repitiendo los intentos, incluso por algunos que probaron la hazaña en solitario. Todas las expediciones habían atacado el Everest por su cara norte, pero en los años 50 la situación cambió. En 1949 Nepal decidió abrir también sus fronteras, pero al año siguiente, en 1950, el gobierno comunista de China prohibió la entrada de extranjeros en el Tíbet. Así fue como todas las aproximaciones empezaron a realizarse por la cara sur.

Hillary y Tensing

La tan ansiada conquista del Everest llegó en 1953. Una expedición privada británica organizada por la Organización Mundial de Geografía, liderada por el coronel Hunt, decidió emprender el cometido. La formaban John Hunt, Charles Evans, Tom Bourdillon, Alfred Gregory, Edmund Hillary, George Lowe, Charles Wylie, Michael Westmacott, George Band, Wilfrid Noyce, Michael Ward, junto al fisiólogo Griffith Pugh y el fotógrafo Tom Stobart. 

El 24 de mayo llegaron al Collado Sur y decidieron atacar el Everest en dos intentos. El primero lo protagonizarían Bourdillon y Evans y, en caso de fracaso, lo probarían Edmund Hillary y Tenzing Norgay. El primer intento fue fallido y el 29 de mayo fue el turno del apicultor neozelandés y el experimentado sherpa. Hillary y Tenzing coronaron la cima.

En 1956 unos suizos ascendieron al Everest por segunda vez y, desde entonces, la montaña ha sido atacada por 13 rutas diferentes. Son muchas las expediciones que se organizan cada año para realizar la aventura y se ha llegado a la situación de que el Campo Base, e incluso los últimos metros del Everest; se encuentran muchas veces masificados. Por ejemplo, el año 2000, fin de milenio, había terminado con 981 personas y 1318 ascensiones en la cima del Everest.


El misterio del Everest

¿Llegaron Mallory e Irvine a coronarlo?

Odell fue la última persona que vio a Mallory e Irvine en el Sengundo Escalón que hay que superar para llegar a la cima del Everest, a 8.600 metros, en junio de 1924. Ya nunca más se supo de ellos y quedó abierto el misterio de si lograron coronar la cima. Pudieron llegar arriba y morir durante el descenso o morir intentando superar el Segundo Escalón.

Una expedición encontró, en 1933, un piolet unos 200 metros por debajo del Primer Escalón, se pensó que podría pertenecer a Mallory y demostrar que sería imposible que hubieran coronado la cima. Pero, en 1999, una expedición localizó el cuerpo del alpinista George Leigh Mallory a 8.500 metros de altitud, lo que reabrió las dudas sobre la gesta de los británicos.

¿Cómo se puede resolver la incógnita de cuál ha sido la primera expedición en coronar el Everest, la de Mallory-Irvine o Hillary-Tenzing? Sólo hay una prueba que puede ofrecer las pistas necesarias para descubrir el misterio: una cámara Kodak que llevaba Mallory durante la ascensión. Las fotografías que contenga podrían aclarar si llegaron o no a la cumbre.

Restos de Mallory cerca de la cumbre del Everest

Esta duda es tan importante para la historia del alpinismo que se han organizado diversas expediciones y reportajes para intentar descubrir la verdad. En 1999 se organizó la “Expedición Investigadora Mallory e Irvine” para buscar pruebas contundentes de que Mallory e Irvine coronaron el Everest. El 1 de mayo, tras largos rastreos, encontraron a unos 521 metros de la cumbre el cuerpo de Mallory, aún cubierto por su chaquetón de lana y sus pantalones. Pero no se eoncontró la cámara, cuya película se cree que puede estar en buen estado gracias a la emulsión por las bajas temperaturas de la zona.


Antes de leer:
1.-Conoces la historia de los primeros intentos de subida al cima del mundo, el Everest?

2.-¿Cuántos metros mide el Everest? ¿Dónde está situado, entre qué países y en qué cordillera montañosa?

Después de leer:

1.-¿Por qué los europeos no se acercaron al Everest, e intentar escalarlo hasta principios del siglo XX?

2.-¿Cuál fue la expedición que conquistó el Everest? ¿cuáles eran los dos montañeros en llegar a la cima, y en qué año?

3.-¿Llegaron Mallory e Irvine a la cima del Everest? ¿Cuál es tu opinión? argumenta tu respuesta:

4.-¿Qué encontró la "Expedición Investigadora Mallory e Irvine" en 1999? ¿y a qué conclusión llegó?

Actividades complementarias:

1.-Realiza un resumen de 10 líneas del texto:

2.-Realiza un dibujo del Everest:


La conquista del Polo Sur


La expedición británica a su llegada al polo Sur: 
Izquierda a derecha, de pie: el capitán Lawrence Oates, el capitán Robert Falcon Scott y Edgar Evans
Sentados: el teniente Henry Bowers y Edward Wilson.


LA CONQUISTA DEL POLO SUR

"En la mañana del 14 de diciembre, el tiempo era magnífico, como si todo estuviera preparado para llegar al Polo. No estoy del todo seguro, pero creo que despachamos nuestro desayuno más rápido que de costumbre, y enseguida salimos de la tienda”. El explorador noruego Roald Amundsen amaneció ese 14 de diciembre de 1911 con buenos presagios, tal como relata en su diario. Estaba convencido que ese día lograría, junto a sus compañeros Olav Bjaaland, Oskar Wisting, Sverre Hassel y Helmer Hanssen, convertirse en la primera persona que llegaba al polo Sur. Amundsen no se equivocaba y, unas horas después, a las tres de la tarde, los guías de los tres trineos gritaban: “¡Alto!”. Tras 54 días de marcha, habían alcanzado el polo Sur.
El equipo rival, liderado por el militar británico Robert Falcon Scott, también lo logró, pero un mes después, el 17 de enero de 1912, y perdieron la vida en el camino de vuelta tras una tortuosa travesía. “¡Se ha producido una catástrofe!; ¡Amundsen y sus noruegos nos han precedido! La decepción es grande; me conduelo sobre todo por mis valientes compañeros”, escribe Scott en sus diarios (Diario del polo Sur, Interfolio).
El 16 de enero fue un mal día: Scott y sus hombres (Edward Wilson, Henry Bowers, Edgar Evans y Lawrence Oates) divisaron marcas de trineos y esquís, huellas de perros y vestigios de un campamento. Se temieron lo peor. Al día siguiente, ya en el mismo polo Sur, comprobaron con enorme disgusto que sus sospechas eran reales, Amundsen se les había adelantado. ¿Cómo regresar a Gran Bretaña con tal derrota?

Cien años después de la hazaña de Amundsen, una treintena de expediciones de todo el mundo se encuentran estos días en la Antártida, intentando plantarse en el polo Sur coincidiendo con este centenario, el próximo miércoles, día 14, fecha de grandes celebraciones para los noruegos.
Ahora, las cosas han cambiado y los largos viajes en barco han sido sustituidos por un cómodo trayecto de avión que deja al expedicionario en el punto de salida y lo recoge, si lo desea, en el mismo polo Sur. Las comunicaciones y los sistemas de navegación por satélite facilitan seguir la ruta con escaso margen de error y avanzar en el hielo con la tranquilidad de que si algo sale mal, puedes pedir ayuda con una llamada de teléfono.
Entre los equipos que avanzan rumbo a la latitud 90º S destaca el del ejército británico, dividido en dos grupos; uno sigue el itinerario de Amundsen, y otro, el de Scott. Ambos van sólo con trineos y esquís, ya que hace años se prohibió el desembarco de perros o caballos en la Antártida. El objetivo es ver quién llega primero. Las nuevas tecnologías facilitan seguir al minuto la evolución de ambos: las primeras dos semanas fueron ligeramente favorables para el Scott Team, que había completado el 15,1% de la travesía frente al 13,4% del de Amundsen.
 En 1911, la Antártida garantizaba un aislamiento total. Amundsen sólo contaba con la ayuda de sus perros groenlandeses que tiraban de los trineos, y Scott, además de algunos canes, también contaba con ponis de Manchuria y dos trineos motorizados, que tuvo que abandonar a las primeras de cambio como consecuencia de una avería.
Una exhaustiva planificación de todos los detalles: la vestimenta, la comida, los animales de tiro, la ruta, la instalación de depósitos con alimentos y combustible más allá de la latitud 80º S, facilitó la victoria a Amundsen. Los ponis de Scott fallaron, no soportaron las inclemencias del tiempo, con temperaturas que descendieron hasta los 59,9 grados bajo cero; también se quedó sin perros, y los hombres tuvieron que culminar el ataque al polo Sur arrastrando directamente los trineos.
 El sueño que siempre había acariciado Amundsen era pisar el polo Norte, para lo que se había preparado concienzudamente desde joven, aunque en septiembre de 1909, cuando le llegó la noticia de que Robert Peary se le había adelantado (posteriormente se cuestionó que realmente hubiera llegado a la meta), viró por completo el timón fijándose un nuevo rumbo, el punto más austral de la Tierra.
“De pequeño, ya sabía que quería ser explorador y se fue formando para lograrlo. Su familia tenía una naviera, pero se enroló como marinero en el barco de otra compañía para aprender el oficio desde abajo. Dormía con la ventana abierta y en el suelo para acostumbrarse al frío y se impuso un programa de preparación física para estar en la mejor forma posible. Era un explorador muy adelantado a su época”, cuenta el científico y escritor Javier Cacho, autor de Amundsen-Scott, duelo en la Antártida. La carrera al polo Sur (Ed. Fórcola), de reciente ­publicación.
En 1897, en su primera incursión antártica a bordo del buque Bélgica , quedó atrapado durante un invierno en el mar helado, lo que le sirvió para aprender las técnicas de navegación entre bloques de hielo. También resultaron muy provechosos los dos inviernos que pasó con los esquimales tras ser el primero en surcar el Paso del Noroeste, entre los océanos Atlántico y Pacífico, uno de los grandes retos que quedaban en el mundo de la exploración polar. Con la población local de Nunavut (Canadá), profundizó sobre técnicas de supervivencia y sobre el manejo de los trineos tirados por perros.
Con toda esta experiencia acumulada, Amundsen se sintió listo para abordar el polo Sur, pero ocultó sus planes hasta el último momento para llevar ventaja sobre su rival. Hizo creer al mundo que su reto era el polo Norte. En su casa de Bundefjord, cerca de Christiania (la actual Oslo), planificó en secreto la expedición: seleccionó a sus integrantes, todos excelentes esquiadores; eligió la vestimenta, que incluía trajes de piel de foca traídos desde Groenlandia, y el calzado que utilizarían durante la travesía polar; diseñó la cabaña de madera que los alojaría una vez desembarcados en la bahía de las Ballenas; encargó diez trineos y el instrumental científico, y estudió cuál sería la mejor dieta. Los alimentos estrella serían la carne de foca, también la de perro, y el pemmican, un concentrado hipercalórico, inventado por los indios de Norteamérica, a base de carne o pescado seco molido, bayas desecadas y grasa. Amundsen incorporó verduras y harina de avena a este preparado, que podrían comer tanto los perros como los expedicionarios. Los canes cumplieron eficazmente su misión: además de conducir a los noruegos hasta el polo Sur, sirvieron de alimento cuando fue necesario.
El Fram , comandado por el capitán Nilsen, partió el 3 de junio de 1910 de Christiania –dos días antes lo había hecho el Terra Nova de Scott desde Inglaterra– rumbo a Bunderfjord, donde cargaron la casa de madera que reconstruirían pieza por pieza en la Antártida y que sería su base de operaciones. Posteriormente, recogieron 97 perros esquimales procedentes de Groenlandia y emprendieron rumbo a su primera escala, Madeira, sin que la tripulación, mucho menos Scott, supiera todavía cuál era su destino. Fue en Funchal donde les dio la noticia.
“Habíamos embarcado 97 perros; ahora el número había crecido hasta 116 y prácticamente todos estaban preparados para la marcha final hacia el polo Sur”, escribía Amundsen en su diario, publicado en castellano por la editorial Interfolio (Polo Sur. Relato de la expedición noruega a la Antártica del ‘Fram’, 1910-1912), el 14 de enero, el día que el Fram alcanzaba la barrera de hielo del mar de Ross.
Primer acierto de Amundsen: instalar la base de operaciones en la bahía de las Ballenas, un grado de latitud más cerca del polo Sur que el punto de partida elegido por Scott, en el estrecho de McMurdo, en el cabo Evans. Amundsen sostenía, y así pudo comprobarse más tarde, que esta bahía descansaba sobre una sólida plataforma, al contrario de lo que creía otro de los exploradores polares de referencia, Ernest Shackleton.
 “El hielo era un hervidero de vida. Allá donde volviésemos la mirada, podíamos ver rebaños de focas de diferentes especies, sobre todo de Weddell y cangrejeras”, apunta Amundsen tras desembarcar en la bahía de las Ballenas y explorar la zona en busca del lugar idóneo para montar la base de operaciones, la que sería su casa durante los próximos meses.
El lugar elegido fue el valle formado por los montes Nelson y Rönniken, a cuatro kilómetros del barco. Allí construyeron su casa, bautizada Framheim (el hogar de Fram), y los almacenes que albergarían todas las provisiones y el material. Durante esta primera etapa de la aventura antártica, entre finales del verano y el otoño austral, se dedicaron a cazar focas para aprovisionarse de carne fresca, un apreciado antídoto contra el escorbuto; acabar de construir el campamento, y emprender los primeros viajes hacia el sur para montar los depósitos de avituallamiento, donde dejarían los alimentos y el combustible que utilizarían
en el ataque final y a la vuelta.
El primero de estos viajes se inició el 10 de febrero, unos días antes de que zarpara el Fram, que, tal como habían establecido, regresaría un año después para recogerlos. Salieron cuatro hombres con tres trineos cargados cada uno con 250 kilos de provisiones (pemmican, carne de foca en filetes, grasa, pescado seco, chocolate, margarina y galletas), arrastrados por 18 perros.
“El 14 de febrero alcanzamos los 80º de latitud sur. Desgraciadamente, no pudimos hacer ninguna observación astronómica durante aquella jornada, pues el teodolito que habíamos llevado resultó que no estaba en condiciones, aunque, en observaciones posteriores, comprobamos que habíamos llegado a 79º 59’ S. Hasta ese punto dejamos señalada la ruta con cañas de bambú y banderas colocadas cada 15 kilómetros”, escribe Amundsen. La correcta señalización de los puntos donde iban dejando los depósitos era determinante para el posterior éxito de la misión. Por eso, al ver que las banderas eran insuficientes, buscaron otros recursos para dejar bien marcada la zona: cajas vacías y fardos de pescado. Así era más difícil perderse.
Amundsen calculó hasta el último detalle, marcó con precisión los depósitos, lo que propició que los encontrara todos, mientras que en el caso de Scott no fue así. También selló correctamente los bidones de combustible, básico para preparar la comida y calentarse en el interior de las tiendas. En cambio, Scott se encontró con que se había desparramado el queroseno de algunos tanques”, apunta Ángel Sanz, editor de Interfolio, que ha publicado en castellano los diarios de ambos exploradores.
Amundsen lo tenía claro: “Nuestro éxito dependía enteramente del trabajo realizado durante este otoño, es decir, llevar la máxima cantidad posible de provisiones lo más al sur posible y, después, poder encontrarlas con total seguridad y sin vacilaciones”. Los viajes durante el otoño austral se repitieron, el último concluyó el 11 de abril, después de transportar tres toneladas de carga hasta los almacenes habilitados a 80º, 81º y 82º S. También durante estos meses previos al invierno aprovecharon para cazar focas (hasta 60 toneladas) para alimentar a nueve hombres y 115 perros.
Amundsen escribe que esa fue una etapa feliz y confortable; acomodados en Framheim, durante sus horas de asueto disfrutaban de la lectura y de un menú exquisito. “Cada día nos gustan más los filetes de foca. Para el desayuno, tenemos de forma regular galletas calientes con mermelada, y Lindstrom sabe tantas formas de prepararlas que en el mejor de los hogares americanos no serían capaces de superarle. Además, tenemos pan, mantequilla, queso y café. Para comer, principalmente, carne de foca y dulces de fruta en conserva de California, tartas y pudin enlatado. Para cenar, filete de foca con mermelada de arándanos, queso, pan, mantequilla y café. Cada tarde de sábado, un vaso de ponche y un cigarro. Debo confesar con franqueza que nunca he vivido tan bien”.
De sus palabras se deduce que hambre no pasaron y que tenían la moral en la estratosfera, algo de lo que no podía presumir Scott, quien sufrió un duro revés al ser informado de que Amundsen no se dirigía al polo Norte. Lo que no escribe Amundsen es que, durante esta etapa de reclusión en Framheim, se vivieron momentos de tensión al aflorar discrepancias sobre cuál era el mejor momento para iniciar la travesía.
Los caracteres de uno y otro explorador poco tenían en común. Amundsen, pragmático, no sentía reparos en enviar a la sartén focas, pingüinos y perros. Scott, más sensible, consideraba atroz matar a sus compañeros de viaje, sentía un enorme respeto por todos los animales. Amundsen reconoce que llegó a ser cruel en extremo con algunos de sus perros, obligándoles a recorrer largas distancias con cargas de varios centenares de kilos y con heridas sangrantes.
 La travesía al Polo empezó para Amundsen el 20 de octubre; más tarde para Scott, el 1 de noviembre, y con el inconveniente añadido de que se encontraba un grado más alejado que su rival del destino final: los 90º S. Los cinco noruegos partieron con cuatro trineos arrastrados cada uno por trece perros. Las primeras etapas se cubrieron cómodamente, los perros avanzaban a una velocidad media de 7,5 km/h hasta que, a mediados de noviembre, toparon con los desafiantes glaciares. Pasados los 85º calcularon que desde ese punto hasta el polo Sur y el trayecto a la inversa sumaba un recorrido de unos 1.100 kilómetros, por lo que decidieron llevar provisiones para 60 días y dejar allí el resto.
El 17 de noviembre, abordaron la ascensión a las montañas de hielo, fueron jornadas laboriosas, extenuantes y peligrosas, de subidas y bajadas, que culminaron sin tener que lamentar pérdidas, aunque volvieron a surgir diferencias y Amundsen sintió cuestionado su liderazgo.
En la planicie, las aguas volvieron a su cauce, pero se avecinaba otro momento duro, pues tuvieron que sacrificar 24 de los 42 perros para asegurarse comida para el resto de la marcha. “Se respiraba un ambiente de tristeza y depresión, pues habíamos tomado mucho cariño a nuestros perros. La Carnicería fue el nombre que pusimos a aquel lugar. Acordamos permanecer allí dos días para descansar y comernos los perros”, relata Amundsen.
Durante esas mismas fechas, se reunieron todos los miembros de la expedición de Scott que seguían en liza y que se habían dividido en varios grupos: 16 hombres, diez caballos en estado lamentable, 23 perros y trece trineos. Sólo los mejores abordarían el ataque final al polo Sur: Scott, Wilson, Evans, Bowers y Oates.
Amundsen se apuntó un pequeño triunfo el 7 de diciembre cuando superaron el punto más austral al que había accedido Shackleton en 1909, 88º 23’ S. Cerca de allí construyeron otro almacén donde dejaron unos 100 kilos de carga y aligeraron peso cara al sprint final. Mientras, los británicos afrontaban un temporal con vientos que soplaban a una velocidad de casi 100 km/h y con escasez de comida para los caballos.
Los perros de Amundsen podían alimentarse con la carne de sus congéneres; no era este el caso de los equinos, a los que el hambre y las bajas temperaturas fueron aniquilando. Los que quedaron vivos fueron sacrificados para que no sufrieran más en un campamento que, como el de los noruegos, fue bautizado La Carnicería.
Angustia y miedo. Amundsen y los suyos recorrieron los últimos ocho kilómetros hasta el polo Sur con el corazón en un puño. ¿Habría llegado Scott antes? Ni muchos menos. Los británicos se afanaban en superar el glaciar Beardmore, “un río helado de 200 km de longitud y en algunos puntos de más de 70 km de anchura, encajonado entre montañas de más de 4.000 metros”, escribe Javier Cacho. Aquí se quedaron sus últimos perros; los británicos tuvieron que continuar tirando ellos de los trineos. Amundsen ya podía cantar victoria.

Cuando, un mes después, Scott alcanzó el mismo punto, leyó con resignación la nota que Amundsen le dejó en una tienda: “Como usted será probablemente el primero en llegar aquí después de nosotros, ¿puedo pedirle que envíe la carta adjunta al rey Haakon VII de Noruega? Si los equipos que hemos dejado en la tienda pueden serle de alguna utilidad, no dude en llevárselos. Con mis mejores votos. Le deseo un feliz regreso”. La humillación, las tormentas y el hambre pudieron con Scott y sus hombres, que no lograron regresar. Una expedición británica halló en noviembre de 1912 sus cadáveres y el diario de Scott: “Ya toda esperanza debe ser abandonada. Esperaremos hasta el final, pero nos debilitamos gradualmente, la muerte no puede estar lejos”, dejó escrito el 29 de marzo.


Antes de leer:
1.-¿Conoces la historia de la conquista del Polo Sur?

2.-¿Por qué querían los exploradores llegar al Polo Sur?

Después de leer:
1.-¿Quién fue el primero en llegar al Polo Sur, y cuándo?

2.-¿Quién era el otro explorador, y por qué llegó segundo?

3.-Realiza una descripción de 5 líneas sobre la expedición de Admusen (cuándo partió, qué le sucedió en la travesía polar, cuándo llegó, qué tipo de alimentación llevaba, qué tipo de transporte utilizaba (animales, trineos):

4.-Realiza una descripción de 5 líneas sobre la expedición de Scott (cuándo partió, qué le sucedió en la travesía polar, cuándo llegó, qué tipo de alimentación llevaba, qué tipo de transporte utilizaba (animales, trineos):

Actividades complementarias:
1.-Realiza un resumen de 10 líneas sobre las expediciones de Admusen y Scott:

2.-Realiza el dibujo de la Antártida:


2020(e)ko apirilaren 2(a), osteguna

KONPETENTZIAK - CURRICULUM

CURRICULUM

KONPETENTZIAK:













NATUR ZIENTZIAK


 Emakume zientzialarien eguna, otsailak 11a



Poseidón; el dios del mar


El dios del mar: Poseidón.
Mitología griega

Poseidón es el dios de los mares que con su tridente maneja las aguas. Vive en su palacio submarino con su tridente y todas las criaturas marinas. Veamos la leyenda de Poseidón:


El reino submarino del dios del mar: Poseidón

Había una vez un dios griego llamado Poseidón que reinaba sobre todos los mares. Poseidón era un dios submarinista y prefería mil veces estar en el fondo del mar con sus criaturas marinas, con sus pulpos, sus ballenas, sus delfines y sus peces de colores antes que en la superficie. Hubo un tiempo en que salía más a menudo del fondo del mar, pero hace ya tiempo que se niega a salir de su palacio submarino.

Un día subió a la superficie para caminar un rato por la playa y vio a una familia disfrutando de un picnic de primavera en la arena. Poseidón se sintió contento de ver a la familia pasándoselo bien, lo malo vino después. Cuando la familia terminó su picnic, dejaron todos los restos en la playa, no recogieron las botellas de refrescos vacíos y dejaron por la arena un montón de plásticos. Entonces Poseidón se enfadó. Se enfadó mucho.

Se subió a su caballito de mar y volvió a su palacio submarino. Allí cogió su tridente y empezó a remover las aguas, como si estuviera removiendo un plato de sopa. Entonces el mar se embraveció, las olas eran gigantescas y comenzó una gran tormenta. Eso hizo que todas las personas que estaban disfrutando de su día de playa tuvieran que salir corriendo y marcharse a su casa porque el mar y la playa se habían convertido en lugares peligrosos.

Y es que a Poseidón no le gusta nada que los humanos dañen a sus criaturas marinas o ensucien sus playas. Por eso ya nunca sale de su palacio submarino, así que si alguien quiere hablar con el dios de los mares tiene que bucear hasta encontrarle. Y a veces muestra su descontento con la gente removiendo las aguas con su tridente. Son esos días en los que es mejor no acercarse a la playa.


Laura Vélez



Antes de leer:
1.-¿Conoces la leyenda griega del dios del mar, Poseidón?
2.-¿Qué dioses tenían los griegos?

Después de leer:
1.-¿Qué tipos de cosas le gustaba hacer a Poseidón?
2.-¿Qué le pasó a Poseidón cuando subió a la superficie, cerca de una playa?
3.-¿Qué hizo Poseidón cuando regresó a su palacio submarino?
4.-¿Por qué Poseidón ya nunca sale de su palacio submarino?

Actividades complementarias:
1.-Invéntate una leyenda.
2.-Dibuja al Dios griego Poseidón: